Hablando de izquierdismo

En muchas ocasiones dentro del debate de la izquierda, y especialmente cuando nos dedicamos a tirarnos los trastos a la cabeza, vemos que aparecen conceptos tales como “oportunista”,”izquierdista” o “reformista”. Sin embargo, muchos de los que utilizan estos términos, lo hacen sin entender bien su significado, y otras veces simplemente se usa como insulto sin entender la palabra en absoluto. Hoy queremos aclarar concretamente la idea de izquierdismo.

Para entender bien lo que significa el concepto, necesitamos contextualizar el marco en el que se usa. Lo primero que tenemos que tener en cuenta, es que como marxistas entendemos que existe un factor fundamental que debe cumplirse para poder hacer la revolución, es decir, para poder superar esta sociedad capitalista y construir otra socialista. Este factor es la conciencia de clase,

La conciencia de clase no es más que el nivel de conciencia que adquieren las clases trabajadoras, cuando logran comprender que sus intereses son contrarios a los de la clase dominante (los empresarios), y que todo el sistema económico y político en el que vivimos está diseñado en beneficio de los poderosos. Sólo cuando la mayoría de las clases populares adquiere esta mentalidad, es decir, esta conciencia de que son una clase social con intereses comunes entre ellos y contrarios a los de la burguesía, podemos plantear el cambio hacia una sociedad diferente donde no exista la explotación.

Ante esta situación, los comunistas nos vemos obligados a utilizar distintas formas de acción política y social en función del contexto. No podemos proponer las mismas cosas cuando el nivel de conciencia es bajo que cuando es alto. Cuando nos encontramos con una sociedad atomizada sin apenas conciencia de clase, nuestras acciones irán encaminadas a reconstruir esa conciencia, más que a llevar acciones de ataque directo contra el sistema. Necesitamos tener las fuerzas suficientes antes de lanzarnos a proponer cambios importantes, es lo que llamamos correlación de fuerzas.

Cuando un movimiento social es pequeño, dedica la mayor parte de su esfuerzo a realizar actividades informativas, y a estructurarse de una forma más eficiente. Y cuando el movimiento logra reunir una fuerza suficiente, comienza a plantear acciones de mayor “ataque” o “combatividad”.

¿Y que tiene que ver todo esto con el izquierdismo? Pues hablamos de izquierdismo cuando alguna corriente política, plantea posicionamientos muy radicales sin importarle en absoluto el contexto en el que se mueve.

Pongamos un ejemplo que pueda ilustrarlo mejor.

En la UJCE, nuestro último objetivo político como organización comunista, es la construcción de una república socialista. Sin embargo, nosotros entendemos que, dado el actual nivel de conciencia de la clase trabajadora, no podemos lanzarnos a pedir nuestro objetivo último de forma inmediata. Entendemos que para llegar a ese punto, la sociedad debe ir construyendo la conciencia de clase en torno a un proceso de lucha, que parte de reivindicaciones más concretas para iniciar un proceso más profundo. Es por esto que desde nuestra organización apostamos por la construcción de la 3º República con democracia participativa, una propuesta factible y que cuenta con muchísimo más apoyo social actualmente, que la idea de instaurar una república socialista.

Esto quiere decir que, adaptamos nuestro nivel de discurso y acción al nivel de conciencia que exista en un momento y en un lugar concreto (siempre con la intención de elevarlo), y no nos dedicamos a intentar mostrarnos como los más revolucionarios del lugar, típica postura de los izquierdistas.

Pongamos otro ejemplo: El movimiento estudiantil.

Es también habitual ver elementos izquierdistas en las asambleas del movimiento estudiantil. Son aquellos que en asambleas de 30 personas, proponen acciones del tipo cortar carreteras y otras por el estilo, argumentando que en otros sitios (Grecia por ejemplo) se han realizado ese tipo de tácticas con éxito. Lo que tienden a omitir en este tipo de intervenciones, es que la situación de partida es completamente diferente. No puedes comparar una asamblea recién creada que apenas cuenta con unas pocas decenas de personas, con un movimiento estudiantil multitudinario y con un fuerte apoyo social.

La cualidad del revolucionario no es la de hacer la acción más radical, o la más combativa, sino la de saber adaptar su estrategia de lucha al momento concreto en el que se desarrolla. Es tener la capacidad de ver las potencialidades y debilidades de cada situación, y plantear una estrategia en función de ellas.

El izquierdismo, por el contrario, trata de llevar el discurso más combativo sin importarle nada cuál es la correlación de fuerzas actual, ni las posibles consecuencias de llevar una estrategia equivocada; realizando sus análisis quedándose en el marco puramente ideológico, sin basarse en la realidad concreta.

Por otro lado, y aunque no siempre, las posturas más izquierdistas suelen esconder una cierta aversión por el trabajo cotidiano. Cuando hacemos propaganda de alguna movilización, ¿cuántas veces hemos escuchado eso de.. “a mi llamadme cuando saquéis las metralletas”? O.. “yo no pienso secundar una manifestación de esos reformistas”. “¡Menos pegar carteles, menos repartir panfletos! ¡A quemar cosas!”. Sin embargo al final, ni reparten panfletos ni queman cosas.

También es común ver que, en las asambleas abiertas aparecen elementos que critican la “blandeza” del movimiento, o la poca “visión estratégica” del mismo, y luego a la hora de trabajar (repartir panfletos, pegar carteles, hablar con compañeros) no aparecen por ninguna parte. O si aparecen, es en mitad de la manifestación, intentando que la gente realice actos violentos en la misma, cuando no han trabajado en convocar esa movilización.

Lenin calificaba al izquierdismo como “la enfermedad infantil del comunismo”, y lo cierto es que este tipo de posiciones no suelen venir de gente experimentada en la lucha y los movimientos sociales, sino más bien en personas que, si bien pueden llegar a tener un gran nivel de formación teórica, no han conocido lo que supone trabajar en la parte organizativa de un movimiento.

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