Queremos ser las imprescindibles

Un viejo comunista alemán, llamado Bertolt Brecht, decía que hay personas que luchan un día y son buenas, otras que luchan una semana y son mejores, otras que luchan un año y son muy buenas, pero que hay otras que luchan toda una vida, y esas, son las imprescindibles. Si hay algo que nos debe caracterizar a las comunistas, es esa intención de convertirnos en imprescindibles. Pero no desde la óptica del reconocimiento ajeno de nuestra labor incansable, sino desde la visión del compromiso con una necesidad histórica, que no es otra que liberarnos como clase de las cadenas del patriarcado y la explotación capitalista.

El marxismo, el materialismo histórico, son las herramientas teóricas que nos permiten comprender que las luchas de hoy están conectadas con las de ayer y con las de mañana; son las herramientas que nos permiten ver el conflicto concreto de ahora, dentro de un marco de conflicto general contra un sistema económico, social y político que se desarrolla a lo largo de procesos históricos de gran calado y complejidad. Esta visión histórica nos invita a analizar la realidad social desde el rigor metodológico, y no desde el constantemente cambiante “sentido común”, tan interesadamente modificado por las clases dominantes y sus creadores de opinión. Nos permite abstraernos de las “pasiones” coyunturales, y dejarnos llevar menos por la euforia en las victorias así como caer menos en el desánimo de las derrotas. Entendemos que, aunque existen oportunidades históricas que no debemos desaprovechar, nuestra lucha es una carrera de fondo que no acaba hasta la desaparición de la sociedad de clases y el patriarcado.

Es cierto que muchas personas nos acercamos a los ideales revolucionarios y a la acción política guiadas por el romanticismo de los nobles ideales de la justicia social, o por la pasión e ilusión sentida en plena efervescencia de una lucha social concreta. Tal vez con la ingenua idea de poder vivir “la revolución” en un tiempo casi inmediatamente seguido a la repentina toma de conciencia individual, y desde la visión idealista de que el cambio social sólo depende de la simple voluntad colectiva de emancipación social.
Pero también es cierto que, una vez pasado el subidón de la huelga, o una vez desechada la idea de la revolución inminente, la ilusión decae y eso hace que muchas dejen de luchar.

Ahora cabría preguntarse, ¿pero por qué otras lo siguen haciendo? Una respuesta que podría explicarse por dos motivos fundamentales.

– El primero y principal es la profunda pasión por la transformación social. Una vez pasada la emoción inicial algunas personas pierden el interés; pero para otras, esa pequeña frustración les lleva a pensar que para cambiar las cosas es necesario tener un plan; pensarlo y ejecutarlo junto a otras que piensan igual que tú. Les hace organizarse junto a otras que han declarado que su objetivo es la superación de toda dominación. Esa pasión es la que te hace pararte a pensar detenidamente cual es la forma más efectiva de cambiar la sociedad; es la que te hace estudiar, debatir y aprender junto a otras.

– El segundo motivo, y totalmente ligado con el primero, es la visión histórica de la lucha social. Podríamos preguntarnos, ¿qué sentido tiene organizarse en torno a un objetivo claramente imposible de cumplir a lo largo de tu vida, como es superar todo sistema de dominación? Podríamos decir despectivamente que estas personas son unas ilusas, o románticas defensoras de causas perdidas; pero nada más lejos de la realidad. Lo que te hace seguir luchando es saber que no se trata de un objetivo individual sino colectivo, saber que muchas otras antes que tú aportaron su granito de arena a un proyecto histórico que responde a un sentimiento de profunda solidaridad: luchar ahora para que la próxima generación pueda ser más libre, o por lo menos, estar más preparada para luchar por su libertad.

¿Pero qué hicieron las pasadas generaciones, para que hoy la nuestra esté más preparada para luchar por la emancipación? La respuesta es sencilla: Hacernos llegar el conocimiento de su experiencia acumulada. Un conocimiento teórico basado en la praxis política, que supone una herramienta imprescindible en la lucha contra la clase dominante.

Podríamos ver a la organización revolucionaria como un cerebro colectivo, para el cual es tan importante mantener la memoria de lo ya vivido, como adqurir y procesar la información de lo recién experimentado. Dos aspectos que deben estar bien equilibrados, puesto que el predominio del uno sobre el otro puede llevar a comportamientos “erráticos”. Una organización volcada en su propia memoria, se consume por la melancolía y es incapaz de adaptarse a los cambios sociales; y una organización que no atiende a la memoria histórica para comprender y dar un sentido a lo vivido en el presente, está condenada a repetir errores del pasado y acude al combate sin un arma tan fundamental como es la experiencia.

Pero son pocas las personas que llegan a comprender la importancia de rescatar, guardar y aumentar la experiencia acumulada de las clases oprimidas. Son pocas las que comprenden que la batalla no sólo exigirá todos los años de su vida, sino también los de las próximas generaciones; y que por tanto no se desanimarán en caso de lograr pocos avances, pero que tampoco se conformarán en caso de lograr muchos. Una actitud que claramente es dificil de mantener en la época de la inmediatez y la velocidad, y no exenta de contradicciones y frustraciones.

Sin embargo, gracias a esta forma de entender la lucha social sientes el orgullo de saber que formas parte de ese ejército de luchadoras anónimas, que al igual que tú dedicaron su vida a una labor que sabían que no sería reconocida con sus nombres y apellidos, y que también al igual que tú, pudieron aprender de la teoría y la experiencia de los héroes anónimos que las precedieron, sabiendo valorar lo importante de acumular conocimiento para afinar el tiro en la lucha contra las clases dominantes.

El orgullo de sentir que eres parte de las imprescindibles.

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Una respuesta a Queremos ser las imprescindibles

  1. Roberto Malram dijo:

    Hola,
    leerte es recordar por qué empezar, por qué seguir, por qué luchar.
    Por favor no dejes nunca de escribir, porque hasta para la militancia eres imprescindible.

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