Gramsci nos habla sobre UPyD

Hoy hemos decidido invitar al camarada Antonio Gramsci, para que reflexione con nosotras y nosotros sobre la situación del sistema político español actual. Como comprenderéis, él no podrá hablarnos directamente puesto que murió el siglo pasado, pero sí podrá estar presente si aprendemos a usar las herramientas de análisis que nos dejó como herencia; empeñados en seguir demostrando la utilidad del análisis marxista para comprender la realidad actual.

Es ya una tesis ampliamente aceptada por la gran mayoría de la izquierda transformadora en España, el hecho de que la actual crisis económica ha supuesto también una grave crisis de legitimidad del sistema político actual. El régimen político nacido de los pactos de la transición está siendo ahora fuertemente cuestionado, lo que contrasta mucho con la situación anterior, donde cuestionar la constitución del 78 suponía ser un anti-demócrata o un “revanchista pro-guerra civil”. El bipartidismo, la falta de mecanismos de participación democrática directa (referéndums, capacidad de revocar cargos electos) y un sistema judicial cuya independencia brilla por su ausencia, son percibidos como una de las principales causas de la mala situación actual.

Gramsci definía la crisis como el proceso histórico donde “lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo no termina de morir”. Y además añadía que, “es aquí donde nacen los peores monstruos”.

Lo viejo que no acaba de morir es ese bipartidismo rancio que, parafraseando a Galeano, da a elegir a las gallinas con que salsa quieren ser cocinadas. Y lo nuevo que no acaba de nacer, es esa nueva democracia que plantó sus semillas en las asambleas del 15-M, pero que aún no ha sabido articularse como alternativa concreta y real a la situación actual. Constatamos por tanto que el régimen político derivado de la constitución del 78 está agotado tal y como lo conocemos; sin embargo, esto no significa que lo que vaya a sustituirlo tenga que ser algo mejor. Qué nuevo sistema político, económico y social derive de la actual crisis, es algo que depende de cómo se desarrolle la lucha de clases, y dependerá de las correlaciones de fuerzas que se definan como resultado de las diferentes luchas sociales y políticas.

Cuando un sistema está en crisis, suelen entrar en pugna dos proyectos. Por un lado el que intentan construir los de abajo, y por el otro, la renovación o reforma del sistema anterior que se lleva a cabo por las clases dominantes. Y esto es algo que ya estamos viendo plasmarse en la realidad política cotidiana.

El movimiento de los indignados fue un primer aviso para los poderosos: la sociedad se está politizando (es decir, tomando conciencia sobre cuestiones políticas) y comienza a tener unas críticas más o menos definidas hacia el régimen político actual. A pesar de los intentos de “despolitizar” de nuevo a la gente, especialmente mediante el bombardeo mediático por saturación a base de fútbol, programas del corazón y demás circo; se sigue hablando de política en los bares, centros de trabajo y estudio. Y ante esta situación innegable, a la oligarquía sólo le queda intentar tomar las riendas de ese proceso de “politización” social.

¿No resulta algo extraño que los nuevos programas que se emiten en “prime time” sean casi todos debates sobre política, cuando hace unos años sólo podíamos verlos en La 2 a las tres de la mañana?

La estrategia por tanto es clara; frente al peligro que supone el debate político “espontáneo” y marcado por las necesidades inmediatas de las personas que se reunían en las plazas, los poderosos entienden que hay que buscar sustituirlo por un debate político mediatizado, limitado por las “cuestiones de actualidad” y guiado por un ejército de tertulianos profesionales encargados de imponer el “sentido común” al debate. El nuevo interés social por las cuestiones políticas debe ser canalizado hacia posiciones que no resulten peligrosas, es decir, hacia posiciones que no cuestionen los pilares del sistema y se centren en las simples contradicciones de su superficie; y a poder ser en personas concretas (Urdangarín, Bárcenas… etc), de forma que se logre desviar la atención sobre las causas estructurales.

Gramsci planteaba esta estrategia de la oligarquía como la Revolución Pasiva. Una transformación en el sistema impulsada y dirigida por las clases dominantes, que busca cambiar elementos superficiales como medio para garantizar que no se toquen los elementos centrales del sistema. En definitiva, que en última instancia no se toque su posición de privilegio en el marco económico.

Este fenónemo queda muy bien retratado en la película “Il Gattopardo“, en la que se nos relata la historia de una familia de terratenientes sicilianos atrapados en mitad de la revolución liberal de Garibaldi, que terminó por unificar toda Italia. Ante el peligro que esta familia percibe, al constatar como esta revolución puede acabar con sus privilegios, recurren a unirse a ella al igual que otros miembros de familias nobles. Insertarse dentro del proceso de cambio para controlarlo, en lugar de oponerse a él, les hace lograr mantener su condición de privilegio.

La “Revolución Pasiva” de las oligarquías, consiste en abanderar algunos de los elementos que han generado más indignación entre las masas, y presentarse como la única o mejor alternativa para cambiarlos. Eso sí, centrar el discurso político en estos elementos, no sirve más que para desviar la atención de las verdaderas causas de los problemas sociales, en su mayoría consecuencia de la desigualdad social.

Ahora bien, ¿no es justamente esa la estrategia que se está llevando a cabo en España, especialmente a través del UPyD? Analicemos esto en profundidad:

1) Prometen algo nuevo, pero provienen de lo viejo: Rosa Díez habla de la necesidad de crear un cambio político que genere otras dinámicas, y sin embargo ella proviene de una larga carrera política dentro del PSOE (un partido del régimen). Por otro lado, no podemos olvidar la integración en UPyD de cientos de falangistas en sus filas (el líder de Falange pidió abiertamente el voto para ellos).

2) Toman reivindicaciones populares superficiales, e ignoran las profundas: El discurso de UPyD se centra principalmente en el tema de la corrupción, el supuesto despilfarro de dinero público, los coches oficiales…etc. Atacan ferozmente contra el sistema político mientras ignoran por completo el sistema económico que lo sustenta. Tras la consigna de “la culpa es de los políticos” se oculta intencionadamente la idea de que la verdadera culpa es de la clase empresarial, y que la llamada “clase política” no es más que una herramienta que usan los poderosos para sus intereses. Los poderosos han sabido aprovechar el discurso anti-bipardista que tanto se pudo escuchar en los inicios del 15-M, haciéndolo suyo, y usándolo para regenerar por completo el mapa político de una forma que no corra peligro el status quo. Que todo cambie para que no cambie nada.

3) Su objetivo es modificar completamente las formas, pero mantener intacto el fondo: La acción política y mediática de las oligarquías, ha logrado que la indignación generada por una crisis creada por una gestión salvaje y suicida de las entidades bancarias, acabe con que miles de personas acepten la idea de que la solución está en eliminar las comunidades autónomas, despedir funcionarios y reducir el estado al mínimo. El objetivo es crear un nuevo marco político que gestione “mejor” el mismo sistema económico, obviando una vez más que el problema del empobrecimiento generalizado de la población no se debe a una mala gestión, sino a la misma naturaleza del capitalismo.

UPyD es uno de esos monstruos sobre los que nos advertía el camarada Gramsci, es el fascismo del siglo XXI, que no adopta las mismas formas pero que mantiene su fondo y su discurso. Unidad nacional, ni de izquierdas ni de derechas, el problema fundamental es la corrupción del sistema político…etc, eran los mismos argumentos que defendían los fascismos del siglo XX. Y es evidente que no vamos a ver a los simpatizantes de UPyD haciendo desfiles militares, dando palizas y metiendo miedo como hicieron los camisas negras en Italia, ahora la estrategia es diferente. A diferencia de los años 30 del siglo pasado, la oligarquía no tiene que luchar contra un movimiento obrero organizado que hace peligrar verdaderamente el mantenimiento del sistema (por lo que no se ven obligados a atacar violentamente); y a diferencia de los anteriores, los nuevos fascistas cuentan con una impresionante maquinaria mediática trituradora de conciencias con la que nunca antes se había contado en la historia. Y para los poderosos, siempre ha resultado menos costosa la dominación por consentimiento que bajo la coacción violenta.

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2 respuestas a Gramsci nos habla sobre UPyD

  1. Fantástico artículo. Un saludo.

  2. Wisdorm dijo:

    He incluido (con enlace a este blog) tu post en mi artículo sobre UPyD.
    Espero que lo leas 🙂
    http://unrojoporelmundo.blogspot.com.es/2014/01/upyd.html

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